



La pizza, tal como la conocemos hoy, tiene sus raíces en Italia, más precisamente en la ciudad de Nápoles. Si bien desde la antigüedad existían preparaciones similares, panes planos condimentados con hierbas, aceites o salsas, fue en el sur italiano donde esta comida sencilla se transformó en un símbolo popular.
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la pizza era el alimento cotidiano de las clases trabajadoras napolitanas: barata, abundante y fácil de consumir. Con la incorporación del tomate, llegado desde América, la receta terminó de consolidarse y dio origen a variedades que hoy son clásicas, como la marinera o la margarita.
En el año 2017 la pizza fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, debido a su rol en la vida social y la transmisión de este arte culinario entre generaciones.
Fue aprobado por el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en reunión efectuada en la isla de Jeju (Corea del Sur), respaldado por una petición mundial de más de dos millones de firmas.
La palabra pizza proviene del griego pēktos, que significa sólido o coagulado. Es uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía italiana, que consiste en una masa circular horneada, elaborada con harina de trigo, sal agua y levadura.
Se recubre con una base de salsa hecha a base de tomate y queso mozzarella, que puede ser cubierta con diversos ingredientes en trozos, tales como cebolla, pimentón, jamón, pepperoni, anchoas, tocino, maíz o cualquier otro acompañante al gusto del comensal ¿Cuál es tu ingrediente favorito?
La forma tradicional de cocinarlas es en un horno de leña, aunque es muy común utilizar hornos domésticos.













