JUICIO JIMENA SALAS

Locales 08 de mayo de 2021 Por Rouse Leonor
Del análisis de los celulares surgió que Vargas tenía 8 líneas. Mientras la víctima se sentía sola, Cajal la engañaba.
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Veinticuatro horas después de que el médico legal del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) expusiera el horror que Jimena Salas y sus hijas mellizas de tres años vivieron el mediodía del 27 de enero de 2017, ayer testificó un subcomisario que en el momento del crimen trabajaba como investigador del CIF. Contó que intervino seis meses después del hecho, tras encontrar varias inconsistencias en las pesquisas iniciales.

Antes que el investigador Juan Pablo Sánchez, pasaron por el Salón de Grandes Juicios la psicóloga Mónica Jarruz, quien caracterizó el perfil de la víctima; Judith Tocopa, perito del CIF, y Silvia Elena Gumilla, amante del imputado Nicolás Federico Cajal Gauffin. Fue el último día de la primera semana de audiencias en la Sala VII del Tribunal de Juicio.

El investigador Sánchez, el testimonio más amplio en la quinta jornada, comenzó relatando que ni bien intervino notó inconsistencias en lo investigado hasta ese momento, como la desconexión de la alarma en la casa de la víctima, cuestión que Nicolás Cajal, viudo e imputado, en ese momento no comunicó. Para el investigador fue llamativo, dado que la supuesta falla fue un día antes del espantoso crimen, jueves 26 de enero de 2017, para volver a conectarse de manera automática el 30 de enero de ese mismo año.

De los análisis de telecomunicaciones en los distintos dispositivos pertenecientes a los imputados, surgió por ejemplo que en un aparato celular de Sergio Vargas, el otro acusado, había patrones que fueron borrados. En el teléfono celular que poseía Cajal se realizó una extracción lógica pero no física, con lo cual Sánchez planteó que se podría haber perdido información para la causa. Además, dijo que no le parecía normal que el imputado Cajal se comunicara directamente con el fiscal o intentara cobrar el seguro de vida infiriendo que el homicidio se produjo por tratarse de un robo, dado que el fiscal -en alusión al exfiscal de la causa- ya había establecido dicha hipótesis.

También mencionó que a través de un análisis "punto a punto" -método investigativo- en el maletín que fue interceptado por uno de los homicidas había dinero en efectivo en dólares y estupefacientes. Cuestión que Cajal negó en sus declaraciones durante la instrucción y también el primer día de la audiencia de debate.

De ambos imputados el investigador realizó una minuciosa y detallada exposición acerca del análisis de los aparatos celulares de cada uno. A pesar de que Vargas negó haber tenido un celular, el subcomisario del CIF apuntó que manejaba ocho líneas de teléfonos celulares, de las cuales cuatro estaban activas de manera simultánea.

No subió la imagen

Para el investigador, el mediodía del 27 de enero de 2017 Jimena Salas no llega a subir la imagen del perro caniche toy que el homicida le entregó con la versión de que el animal se había extraviado. Según el investigador, tras sacar la foto del animal sostenida por uno de los presuntos criminales intentó subir la foto a un grupo de Facebook que tienen los vecinos en Vaqueros, pero no lo hizo porque fue ultimada. "Jimena llegó a confeccionar el grupo de vecinos de la red social pero no llegó a subir la imagen", apuntó el testigo. Los homicidas habrían presumido que su imagen iba a viralizarse en la red social.

 

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