SANTA FE: LARA DE 22 AÑOS MURIÓ ESPERANDO UNA CAMA EN TERAPIA INTENSIVA

Ahora 24 de mayo de 2021 Por Rouse Leonor
La historia de Lara Arreguiz conmueve a la provincia de Santa Fe. Empezó a tener síntomas el jueves 13 de mayo y falleció el viernes 21 en el viejo Hospital Iturraspe.
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Lara a los diez años se le había declarado la diabetes. Era insulino dependiente. La noche del jueves 13 de mayo volvió a su casa después del gimnasio, se bañó y se sentó cerca de la estufa porque tenía frío. Estaba hablando por WhatsApp con Alejandro, su papá. Él le preguntó cómo estaba y ella le respondió que tenía mucha tos: supuso que la transición brusca del frío del ambiente al calor de la estufa le había hecho mal. Pero no era eso.

Al otro día, más tos y un principio de preocupación. Llamó a su papá y a Claudia, su mamá, para que la vayan a buscar. Se hospedó en la casa de su mamá: le practicó nebulizaciones, le aplicó unos puffs. El dolor no se iba. Ella manifestaba que seguía ahogada. Decidieron llevarla al Hospital Protomédico Manuel Rodríguez, un centro de hisopado que funciona en la ciudad de Recreo. Los sanatorios privados, entendieron, no iban a recibirla con síntomas compatibles con coronavirus.

En el Protomédico comprendieron que eso del colapso sanitario era cierto: no había camas disponibles. Eran las siete de la tarde del domingo. La sentaron en una silla de ruedas. Estuvo cuatro horas con asistencia de oxígeno esperando que mejorara su saturación. Le pidieron que volviera el lunes a las 8:30 de la mañana con un turno para hacerle unas placas y el hisopado correspondiente. “Tenía covid. Las placas dieron pulmonía bilateral, en solo dos días fue impresionante cómo avanzó la enfermedad y le tomó ambos pulmones, por eso se ahogaba”, contó el papá en diálogo con el medio local Infomercury. Alejandro le pidió disculpas y solo pudo responderle: “Estoy hecho pelota, sin ganas de hablar”. Agregó, además, que Claudia tiene más fuerzas que él para relatar los hechos.

Ahí le saqué una foto de la indignación que tenía. Cuando pasó un médico y la vio, yo le dije que ‘acá la gente no se muere por covid, se muere por la ineficiencia de las personas’”.

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Claudia estaba furiosa con la indiferencia y la falta de empatía de los profesionales. Dice que nadie de los que estaban en la sala de espera lucía tan descompuesto como Lara, quien ya tenía la confirmación del diagnóstico y un cuadro de riesgo con su dependencia por la insulina. “La señora tuvo más empatía que todos los médicos que estuvieron ahí ese día”, reflexionó.

Un médico, finalmente, la convocó a su consultorio. Lara tenía ganas de vomitar de la fuerza que hacía para toser. El doctor le recetó un antibiótico suplementario y le sugirió a la madre que le siguiera dando puffs en su casa. Claudia no aceptó la indicación: quería que a su hija la internaran porque temía no poder controlar sus niveles de glucemia. El médico aceptó. Lara quedó atendida en una sala de consulta y Claudia regresó a la sala a esperar.

Habían pasado ya cuatro horas desde su ingreso al nuevo Hospital Iturraspe. Estuvieron otras cinco horas más. “En ningún momento esa sala estuvo vacía, era increíble la cantidad de gente que había ahí”, dijo Claudia. En ese lapso, a su hija la asistieron con oxígeno y le tomaron nuevas radiografías. La asistencia respiratoria logró calmarla. Por WhatsApp le pidió a su mamá que le llevaran algo para comer. Un enfermero le alcanzó un yogurt que le había comprado Claudia, quien seguía esperando afuera.

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