¿UN NUEVO SINTOMA DE COVID-19?

Ahora 17 de diciembre de 2020 Por Rouse Leonor
Investigadores intentan revelar si los casos de hipoacusia súbita relacionada a pacientes con coronavirus se trata de una nueva manifestación de la enfermedad. Qué dice la evidencia científica existente hasta el momento.
FSYJDWN2V5B6VFN4OBFAE553TI

Mucho se ha dicho sobre los síntomas y las secuelas del COVID-19. Hasta ahora, se considera como casos sospechosos a todas aquellas personas, de cualquier edad, que presenten dos o más de los siguientes síntomas: fiebre de 37.5 grados o más, tos, dolor de garganta, dificultad respiratoria, pérdida repentina del gusto o del olfato, cefalea, mialgias y diarrea o vómitos.

Pero, hace algunos días, médicos del Reino Unido reportaron el primer caso de pérdida auditiva permanente repentina relacionada con el COVID-19 en su país. Asimismo, otro estudio publicado en la revista especializada JAMA Otolaryngology-Head & NeckSurgery señaló que el nuevo coronavirus puede instalarse en el oído y causar daños en el hueso mastoideo, ubicado en el cráneo, detrás de la oreja. Según el artículo, estos daños incluyen infecciones en las cavidades auditivas y pérdida repentina de la audición.

Sin embargo, según un nuevo estudio de la Universidad de Tel Aviv, en colaboración con el Centro Médico Galilee, estos informes son incorrectos. Al evaluar la calidad auditiva de los pacientes, los investigadores no encontraron evidencia de daño al sistema auditivo. 
Esta investigación, publicada en la revista científica líder Otology & Neurotology, fue dirigida por la profesora Karen Avraham de la Facultad de Medicina Sackler de la Universidad de Tel Aviv, junto con los doctores Amiel Dror y Eyal Sela del Galilee Medical Center y el Azrieli de la Facultad de Medicina de la Universidad Bar-Ilan y deja ver que “desde el comienzo de la pandemia, ha quedado claro que COVID-19 tiene algunos efectos a largo plazo, como la pérdida del sentido del olfato y el gusto. La posibilidad de pérdida auditiva, sin embargo, ha sido debatida entre los médicos, y algunos informaron este síntoma en pacientes recuperados”.

La pregunta a responder, según los especialistas, “es si tal pérdida de audición es causada por daños en el sistema auditivo o si es un síntoma temporal causado por líquidos que obstruyen el oído medio, como suele ocurrir en un resfriado común”.

“Una de las causas de la hipoacusia súbita tiene que ver con algunos virus que generan infecciones en el las vías respiratorias como, por ejemplo, el virus de la gripe, la influenza -precisó-. Al ser un virus que ataca el tracto respiratorio, el COVID-19 eventualmente podría generar pérdida auditiva, pero, hasta el momento, no existe ningún estudio concreto que lo demuestre”.

 
En otro orden, Arauz señaló que “otra de las causas más frecuentes de la pérdida auditiva súbita es el estrés y teniendo en cuenta los casos de hipoacusia en pacientes que tuvieron COVID-19, puede pensarse que la pérdida auditiva puede tener su origen en el estrés y la angustia que pudo haber generado al paciente el cuadro infeccioso”.

Los investigadores de TAU y el Centro Médico Galilee comenzaron a investigar esta cuestión durante la primera ola de la pandemia, cuando el número de pacientes en Israel aún era relativamente pequeño. Los participantes incluyeron a ocho personas asintomáticas que habían dado positivo por COVID-19 y ocho voluntarios sanos que sirvieron como grupo de control, todos sin ninguna pérdida auditiva previa.

Por primera vez, este estudio proporcionó medidas cuantitativas para la calidad de la audición después de la exposición al virus.

“Nuestro estudio verificó si COVID-19 puede causar daño neuronal o sensorial permanente al sistema auditivo y no encontró evidencia de tal daño”, explicó Dror, para quien “el estudio fue totalmente objetivo y cuantitativo: utilizamos datos eléctricos del tronco del encéfalo para probar la ruta completa de las ondas sonoras a través del oído, rastreando los estímulos acústicos cuando entran en el tubo auditivo, golpean el tímpano, hacen vibrar los huesecillos y entran en la cóclea hasta que las ondas eléctricas finalmente se reciben en el cerebro”.

Te puede interesar