Leandro Goroyesky, responsable de la Educación Superior dentro de la cartera que dirige Alejandro Finocchiaro, trazó para Infobae el cuadro de descontrol e invisibilidad que encontraron en el sistema y expuso sus planes para sanearlo y mejorarlo.

— ¿Quién controla la calidad de los institutos donde se forman los docentes? 

— Expongo primero nuestros lineamientos de política educativa y luego voy a lo particular de la formación docente. Durante los últimos años se planteó la inclusión educativa como contrapunto de la calidad y nosotros creemos que eso es falso, que es posible lograr inclusión de la mano de la calidad. Hubo una línea divisoria y se estableció una pedagogía para los que menos tienen y otra para los que más tienen. El sistema educativo argentino ha logrado igualar oportunidades porque todos pueden anotarse en la escuela pública pero no ha logrado igualar las condiciones para estudiar entre los chicos de los distritos menos favorecidos y los de zonas con mayor poder adquisitivo. Eso lo queremos desterrar y lograr una verdadera inclusión educativa con calidad. Así que la calidad es el tema de nuestra gestión. En relación al nivel superior, nuestra dirección tiene a cargo los institutos de formación docente y también las carreras terciarias técnicas, las tecnicaturas. Tenemos 168 institutos de formación docente de gestión pública en la provincia, y 177 privados, pero que no están dentro de nuestra órbita.

Queremos terminar con la mentira educativa en la provincia

— ¿Qué panorama encontraron en esos institutos?

— Cuando nos hicimos cargo, nos resultó difícil realizar un diagnóstico. Para mejorar la calidad de la formación docente primero tenemos que tener un diagnóstico real de dónde estamos parados. Queremos terminar con la mentira educativa en la provincia. Saber cuántos estudiantes hay, cuántos docentes, qué carreras estamos brindando, cuál es la tasa de graduación, la de abandono; cuántos estudiantes inician la carrera docente y luego toman horas como profesionales en las escuelas pero nunca se reciben.

— La evaluación Aprender 2016 puede dar un panorama de las escuelas, ¿a nivel de los institutos se han hecho auditorías?

— Todavía no. Sería el Infod (Instituto Nacional de Formación Docente) el que tendría que proponer algo así. Por supuesto que estoy a favor; evaluarnos es parte del aprendizaje, así que no veo por qué los institutos docentes no pueden ser evaluados y autoevaluados, como lo hace el sistema universitario. Estamos tratando de completar un análisis de situación en este primer año de gestión. Tenemos un sistema de información vetusto. Estamos tratando de digitalizar la matrícula. Hoy puedo decir que tenemos 150 mil alumnos en los institutos de formación docente y técnica. Pero cuántos en cada instituto, no lo sé. En los últimos años hubo un proceso de invisibilización en el nivel superior de la provincia.

— ¿A qué se refiere con "invisibilización"?

— Por ejemplo, que la oferta académica de los institutos no tenía ningún tipo de difusión; quedaba a cargo de los directivos. No teníamos supervisores. Todos los niveles educativos tienen inspectores. En el nivel superior teníamos 4 inspectores para 230 institutos terciarios en total, de formación docente y técnica. Una locura. La consecuencia es que no teníamos control institucional ni trabajo pedagógico. Ahora estamos completando la planta de inspectores.

Alejandro Finocchiaro, director general de Cultura y Educación bonaerense, y Leandro Goroyesky, director de Educación Superior. Bahía Blanca, presentación de un proyecto de articulación entre los institutos superiores y las universidades del sudoeste de la provincia
Alejandro Finocchiaro, director general de Cultura y Educación bonaerense, y Leandro Goroyesky, director de Educación Superior. Bahía Blanca, presentación de un proyecto de articulación entre los institutos superiores y las universidades del sudoeste de la provincia

— Entonces, contar a los alumnos, trazar un panorama de cada instituto, ¿y después?

—Es un trabajo en 3 partes: primero, nominalizar a alumnos, docentes y directores de los institutos. Segundo, un trabajo al interior de los institutos, con los inspectores del nivel y con los asesores pedagógicos. Y a partir de eso formular un diagnóstico real de la situación. Hoy puedo decir que tenemos institutos que son maravillosos -lo hemos verificado-, que hacen un trabajo formidable, que forman docentes de calidad, que tienen un diálogo con la sociedad, con el sector productivo. Y también hay institutos que quizás tienen más problemas, relacionados con el distrito. Por ejemplo, General Rodríguez fue declarado en emergencia educativa, porque no hay docentes; se construyeron jardines y escuelas primarias pero no hay docentes para abastecerlos. Entonces el año pasado se creó un instituto. La verdad es que se lo hizo mal, a destiempo, sin la planta funcional orgánica acorde. Estamos tratando de emprolijar todo. La calidad de la formación docente no puede abstraerse del funcionamiento institucional. Es decir, los estudiantes de los profesorados aprenden en función de la relación con sus docentes, con los directivos, con sus compañeros. En eso estamos trabajando, queremos nivelar para arriba a los institutos.

— ¿Puede explicar mejor eso de la relación con los docentes?

— Tenemos que brindar herramientas a los docentes para que puedan mejorar sus prácticas de enseñanza. Hoy los métodos de enseñanza atrasan. Hoy tenemos un docente que es un emisor con un grupo de alumnos que son receptores de conocimiento, ese formato…

— …ojalá estuviera garantizado aunque sea eso…

— El formato de dictado de clases, también lo dijo el Ministro (Alejandro Finocchiaro), hoy no contempla nuestras expectativas. Tenemos que buscar otras alternativas porqueque el docente se pare frente a los alumnos y dé una clase magistral no responde a las expectativas que tienen nuestros chicos. Hoy tenemos que utilizar las nuevas tecnologías para tratar de motivarlos y captar su atención, centrar la enseñanza en el alumno y no en el docente. Por eso tenemos que darles herramientas pedagógicas a los docentes para que mejoren sus prácticas; en eso estamos. Y a los directivos, las herramientas institucionales para que puedan realizar el control de gestión y trabajar codo a codo con los docentes en la calidad académica, porque hoy están abocados a temas de infraestructura por el penoso estado de las escuelas. La mayoría de los institutos funciona en escuelas, sin edificio propio, y las escuelas públicas en su mayoría han sido abandonadas.

— Por conversaciones que he tenido con docentes de estos institutos, el problema es el nivel lamentable de los programas. Pero según usted, el problema de un profesor de historia en un secundario, por poner un ejemplo, no sería que no sabe historia sino que no sabe cómo enseñar, cómo interesar a los alumnos.

— No, creo que son las dos cosas. A la hora de armar los programas de los profesorados, está esa dicotomía entre el campo general [pedagogía y didáctica] y el campo específico [materia o especialidad]. De hecho estamos reelaborando las currículas de los profesorados de secundaria porque las que heredamos no están actualizadas. No queremos planes que profundicen esta pedagogía para unos sí y para otros no. Queremos planes que estén identificados con la política pedagógica de nuestro Ministerio. Tenemos que abordar las dos cosas, lo particular y lo general: tienen que saber historia y tienen que saber cómo enseñar historia.

— Desde ya, pero mi pregunta surge de que en los programas la carga de pedagogía que hay ya es enorme, descomunal, de 1º a 3er año al menos, en el 4º no tanto, en comparación con los contenidos específicos.

— Pero esos programas se van a cambiar.

— ¿Con qué lineamientos? ¿Qué proporción entre pedagogía y materias, entre lo que llaman campo general, específico y práctica? 

— Eso lo vamos a analizar profesorado por profesorado.

Los diseños aprobados por la anterior gestión estaban viciados de cuestiones ajenas a la formación docente, más ligadas a la política y al debate ideológico

— El diagnóstico que escucho con frecuencia es que de los institutos egresan profesores sin conocimiento profundo de su materia. Lo metodológico o didáctico es más fácil de compensar, pero si el docente no tiene una formación sólida en su especialidad es un bache mucho más difícil de llenar.

— El año que viene van a estar listos los nuevos diseños curriculares. Los vamos a implementar con las camadas que arranquen en el 2018. En educación, las reformas que salen en forma apurada no sirven. La emergencia es arreglar las escuelas y evaluar a nuestros alumnos. Pero los diseños curriculares requieren de un análisis mucho más consensuado y específico. Está el debate entre el campo de la pedagogía y el campo particular. La verdad yo no tengo una opinión formada sobre eso, creo que depende de cada profesorado y sus disciplinas. Lo estamos debatiendo. Lo que sí creo es que el campo general de los profesorados que se quiso implementar no se corresponde con nuestros objetivos pedagógicos, con nuestra línea pedagógica. Los diseños aprobados por la anterior gestión están viciados de cuestiones ajenas a la formación docente, más ligadas a la política y al debate ideológico. No queremos formar docentes con el concepto de adoctrinamiento. El rediseño curricular es una deuda, pero es un tema muy sensible, por lo que preferimos tomarnos tiempo. Ahora, paralelamente, estamos trabajando incansablemente para mejorar la calidad académica de los profesorados, a través de un montón de herramientas.

— ¿Puede dar algunos ejemplos?

— El campo normativo, un nuevo régimen académico, para ordenar por ejemplo el tema de las correlatividades de los planes de estudio. Nos preocupa mucho que los estudiantes no terminan los profesorados y toman horas como profesionales, porque estamos en emergencia educativa, pero no vuelven a los profesorados.

— ¿Por la emergencia educativa pueden dar clases sin haberse recibido?

— Sí, es una normativa provincial.

— ¿Cuánto hace que están en emergencia educativa?

— Hace muchos años. Por eso tenemos que revisar la práctica docente…

— ¿No se puede derogar la emergencia? 

— Es que… vuelvo al ejemplo de General Rodríguez. Se construyeron jardines de infantes, y no había docentes. Se creó un instituto, pero no se lo hizo bien. En concreto, estamos haciendo un seguimiento de la trayectoria de los estudiantes de profesorado; queremos que los que arranquen, egresen. Además, dentro del área de formadores del Infod establecimos por primera vez un grupo de 25 asesores pedagógicos que, con directivos y docentes, están trabajando herramientas de enseñanza y aprendizaje, estrategias de análisis institucional. Estamos terminando un diagnóstico de cada uno de esos institutos para a partir de ahí planificar acciones. Todo eso lleva tiempo, porque era tal la emergencia en materia educativa en la provincia…. Con los inspectores es más lento porque hay todo un proceso de selección que no se hacía desde hace 20 años.

— ¿El ingreso irrestricto a los institutos docentes es algo inexorable? Además del bajo nivel de algunos aspirantes hay un límite físico y llega a haber comisiones de 60 alumnos, por ejemplo, lo que es inmanejable.

 

— Ese problema lo tiene la educación superior en general. También pasa en la universidad, donde puede haber comisiones de más de 100 alumnos.

Queremos terminar con la dicotomía entre los institutos y las universidades
 

— Es difícil dar clases así. Se habla mucho de Finlandia como ejemplo de calidad educativa, y allí sólo ingresa a la carrera docente el 5% de los aspirantes. Se selecciona a los mejores, a los excelentes. Acá estamos en el extremo opuesto: la docencia es para muchos una carrera "fácil", corta, una salida laboral rápida. Eso es incompatible con la calidad educativa porque se reciben docentes que apenas saben un poco más que el alumno.

— Sí. Yo puedo compartir el planteo, pero el marco jurídico es ése, ingreso irrestricto para la educación superior, y sobre eso tenemos que trabajar, no podemos poner excusas. Lo que sí puedo decir es que estamos impulsando un importante proceso de articulación con el sector universitario. Queremos terminar con la dicotomía entre los institutos y las universidades. El sistema de educación superior es único. Junto con el gobierno nacional, a través de la Secretaria de Políticas Universitarias y con los gobiernos municipales, tenemos que conformar mesas de planificación educativa. En eso estamos, en Bahía Blanca ya presentamos para el sudeste de la provincia de Buenos Aires un acuerdo entre más de 15 institutos de formación docente y técnica y 4 universidades.

— ¿En qué consistiría?

— Ciclos de complementación curricular. Que los egresados de nuestros institutos puedan continuar sus estudios en las universidades. Armar un corredor de educación superior. Que lo que recibe un estudiante en un instituto de formación docente y técnica sea reconocido en la universidad., a través de convenios, articulación académica, trabajos conjuntos, carrera por carrera, porque eso requiere de un análisis programático. Es                 sumamente necesario que los futuros docentes busquen concluir una licenciatura en educación. No para reemplazar a la universidad por los institutos ni viceversa, sino para tratar de empujar el trayecto educativo que en el nivel superior arranca en los institutos y pueda terminar en la universidad con la licenciatura y el postgrado. Eso no se hizo nunca, o se hizo a pulmón con algunos institutos. Además queremos que los institutos y las universidades puedan estudiar e investigar en conjunto. Que alumnos del último año de los institutos puedan cursar una materia en la universidad. Tenemos que nivelar para arriba. Tenemos que arrancar con esa articulación desde el secundario técnico. El chico que hace 7 años en la escuela técnica media no puede arrancar de cero la tecnicatura porque hay que reconocerle algunos créditos. Premiamos e incentivamos que los chicos hagan la escuela técnica, después la tecnicatura y lleguen a ingeniería. Entonces, tenemos que reconocerles algún trayecto formativo.

Si no hay inspectores, los problemas no se ven

— ¿Qué pasa con la exigencia? En muchos institutos, como en muchas primarias y secundarias, el sistema de calificación y promoción es muy laxo.

— Sí. El tema del nivel formativo y académico es un desafío. Pero el sistema es igual que el universitario, exámenes parciales, finales… Por supuesto que tenemos que controlar…

— Pero me decía que en este momento hay sólo 4 inspectores.

— Hay 4 inspectores de nivel superior en toda la provincia. Por eso digo que se invisibilizó el sistema.

— ¿Por qué hay sólo 4? ¿Porque se fueron retirando y…?

— …y esas vacantes nunca se cubrieron.

— ¿A propósito?

— Nosotros entendemos que sí. Ahora estamos reclutando. Los aspirantes tienen que ser docentes titulares, pasan por una prueba escrita, una entrevista, un coloquio, y recién ahí se decide. Es un proceso muy largo. Pero hacia fines de noviembre los vamos a tener.

— ¿Cuántos inspectores debería haber?

— A mí me gustaría tener 50 cincuenta.

— Ese sería un número como para…

— Como para darle gobernabilidad al sistema. La provincia es muy grande, 127 distritos, 25 regiones educativas; necesitamos un equipo que acompañe en el terreno. A eso me refiero con invisibilización. Si no hay inspectores los problemas no se ven. En los pocos lugares donde tenemos inspectores, funciona mejor porque tenemos una mediación. Si no, estamos todo el día resolviendo problemas de los institutos y no podemos planificar políticas públicas.